sábado, 13 de septiembre de 2014

A CONCURSO: 09 - La certeza del azar, por Don diego de noche



Como en un circo, en un teatro, para el caso indiferente, cada escena de su vida, tras un telón aparece, del color que a su absoluto, albedrío el destino prefiere; la bondad, la fortaleza, el perdón, la eternidad, la locura, la inconsciencia, el dolor, la simetría, la avaricia, la verdad, la mentira, la amargura, los amigos, las mujeres, el sol y a veces la luna, el dinero, la pobreza, el sueño, el insomnio eterno; no hay adjetivo posible, tampoco existen pasiones, los sentimientos se anulan, aunque sean tan infinitos, que la eternidad sea un juego.
La vida se escribe en verso, con trazos tan afinados, que aparenta ser perfecta, pero en el fondo hay un caos, un desorden tan preciso, que si se quita una letra, se pierde todo el sentido; hay un aroma en el viento, a perfección insoluta, al azar como una copa, de un vino con mucho cuerpo, cada trago embriaga el alma, de románticos momentos, pero la suerte está en todos, o en ninguno, no hay remedio.
Con el tiempo el que bebía, aprendió a catar la suerte, a bocanadas la prueba, aunque tragarla no pueda, la escupe como un presagio, de que el vino es un albur, una treta del destino, que ha engañado sin conciencia, que conciencia ha de tener, el más cruel de los amigos, que acompaña en la batalla, pero jamás la pelea, y de hecho la abandona, si en el cielo no hay fortuna.
Sin embargo quien renuncia, cuando el infortunio acecha, perdiendo en su razón la guerra, exhala su último aliento, ignorando que a su mente, la esperanza atrae la fuerza; la certidumbre se ha ido, su alma está derrotada, su destino a decidido, sus opacos pensamientos, están sobre la balanza, sobre el costado más negro, y ciegan con una venda, que fabricó su mirada, esa vista que en días nobles, observaba al infinito, con una risa en el alma, que lo hacía escalar montañas; el azar no es enemigo, pero tampoco secuaz, el éxito es un testigo, de quien llama a la fortuna, y de la mano la lleva, por dónde quiera camina.
El orgullo y la arrogancia, son infieles compañeros, y como si fuera poco, a la tristeza acogieron, desvanecen como un vicio, la alegría, a veces los sueños.
Cada asunto que demande, la presencia de la suerte, como compañía debiera, asilar a la alegría, desafiar a la inconsciencia y apelar a los anhelos, pues el azar es de hecho, una opción y no un designio, la suerte es una ruleta, que no tiene movimiento, el ganador es quien toma, por sus manos el acierto, y no permite respuestas, que no alimenten sus sueños.
Los temores que hacen fuerte, y poderoso al azar, debilitan el carácter, y corrigen a la mente, enmiendan erradamente, los vacíos que en el alma, permiten que la fortuna, penetre los sentimientos.
El amor, la fortaleza, la felicidad, la luz, el cielo azul, las montañas, las calles y las murallas, es difícil decir cuando, decir en donde imposible, pero hay un tiempo y lugar, en donde el azar no entra en juego.
Si el destino tercamente, ofrece opciones sin suerte, no significa que el mundo, conspire en contra del ser, lo que hay que entender entonces, es que la felicidad es siempre, una búsqueda inconclusa, que requiere valentía, que precisa del coraje y que tiende al infinito; lo que significa entonces, que el más suertudo es quien tiene, menos suerte que cualquiera, porque su destino entonces, será buscar a la suerte, que por suerte no ha extraviado; es entonces más feliz, quien no es feliz por completo, porque aún piensa que el azar, está presente en su juego; pero por suerte se niega, a aceptar que la fortuna, ha acompañado sus pasos, porque si llegara el día, que entendiera que la suerte, ha estado siempre a su lado, sería feliz por completo, y entonces no habría remedio, sería infeliz de momento.

2 comentarios:

  1. Antoñita la fantástica14 de septiembre de 2014, 0:50

    ¡La Virgen!

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  2. Cantar quiero la hermosura, de este relato poema, cuyas comas se acompasan, a la voz de la lectura, mas se deslizó un "a decidido" que enturbiome la sesera.
    Todo un ensayo filosófico sobre la suerte, el azar, y su contradicción con la persona a quien afecta. Salvando las distancias (o sin salvarlas), creo que el autor es la reencarnación de Calderón de la Barca, a quien le ha llegado su esencia y vocación, pero aún no el resto.
    Felicidades.

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